jueves, 21 de julio de 2011

CAMINANDO SIN DISTRACCIONES EN EL ALMA

Últimamente han pasado ciertas experiencias en mi vida, buenas y malas, gente que se va, gente nueva que llega a mi vida. Puedo decir que me siento muy tranquilo una vez mas, que me siento pleno, retomé mi rumbo sin miedo a un error; darme cuenta que los errores nos suceden a todos, lo menos que puedo hacer con ellos es aprender.
Me siento contento, estoy conociendo a una personas muy especial, con las cual me siento identificado, me da tranquilidad, y me siento bien. El día de ayer salí con él, además de mis amigos, el café, el bar, el antro (sí, en miércoles).
Tenía tiempo sin sentir un beso como el de ayer, estaba con algo de nervio, porque es algo nuevo, unos labios que inicio a conocer (que por cierto me gustan mucho como se ven, siempre he tenido esa fijación); já..! que decir de sus ojitos rasgaditos, son muy lindos y me gustan como me ven. Soy sincero creo no estar enamorado aún... (creeoooo...!!) apenas esta surgiendo eso de poco a poco, no quiero ser muy ansioso; las experiencias que he vivido, me servirán de guía, no quiero cometer lo mismos errores, sin dejar de ser yo. Lo menos que puedo decir es que me ha gustado estar con él; GRACIAS por compartir un poco conmigo.
Volver a vivir esto es un proceso magnifico, me doy cuenta, como dicen las personas sabias "cuando conoces a alguien, empiezan a llegar mas...", entonces recordé una metáfora que habla al respecto de esto. Creo que es una metáfora fácil de entender.


MANAWEE

Un hombre fue a cortejar a dos hermanas gemelas. Pero el padre le dijo: “No podrás casarte con ellas hasta que no adivines sus nombres.” Aunque Manawee lo intentó repetidamente, no pudo adivinar los nombres de las hermanas. El padre de las jóvenes sacudió la cabeza y rechazó a Manawee una y otra vez.
Un día Manawee llevó consigo a su perrito en una de sus visitas adivinatorias y el perrito vio que una hermana era más guapa que la otra y que la segunda era más dulce que la primera. A pesar de que ninguna de las dos hermanas poseía ambas cualidades, al perrito le gustaron mucho las dos, pues ambas le daban golosinas y le miraban a los ojos sonriendo.Aquel día Manawee tampoco consiguió adivinar los nombres de las jóvenes y volvió tristemente a su casa. Pero el perrito regresó corriendo a la cabaña de las jóvenes. Allí acercó la oreja a una de las paredes laterales y oyó que las mujeres comentaban entre risas lo guapo y viril que era Manawee. Mientras hablaban, las hermanas se llamaban, la una a la otra por sus respectivos nombres y el perrito lo oyó y regresó a la mayor rapidez posible junto a su amo para decírselo.
Pero, por el camino, un león había dejado un gran hueso con restos de carne al borde del sendero y el perrito lo olfateó inmediatamente y, sin pensarlo dos veces, se escondió entre la maleza arrastrando el hueso. Allí empezó a comerse la carne y a lamer el hueso hasta arrancarle todo el sabor. De repente, el perrito recordó su olvidada misión, pero, por desgracia, también había olvidado los nombres de las jóvenes.
Corrió por segunda vez a la cabaña de las gemelas. Esta vez ya era de noche y las muchachas se estaban untando mutuamente los brazos y las piernas con aceite como si se estuvieran preparando para una fiesta. Una vez más el perrito las oyó llamarse entre si por sus nombres. Pegó un brinco de alegría y, mientras regresaba por el camino que conducía a la cabaña de Manawee, aspiró desde la maleza el olor de la nuez moscada.
Nada le gustaba más al perrito que la nuez moscada. Se apartó rápidamente del camino y corrió al lugar donde una exquisita empanada de kumquat se estaba enfriando sobre un tronco. La empanada desapareció en un santiamén y al perrito le quedó un delicioso aroma de nuez moscada en el aliento. Mientras trotaba a casa con la tripa llena, trató de recordar los nombres de las jóvenes, pero una vez más los había olvidado.
Al final, el perrito regresó de nuevo a la cabaña de las jóvenes y esta vez las hermanas se estaban preparando para casarse. “¡Oh, no! —pensó el perrito—, ya casi no hay tiempo.” Cuando las hermanas se volvieron a llamar mutuamente por sus nombres, el perrito se grabó los nombres en la mente y se alejó a toda prisa, firmemente decidido a no permitir que nada le impidiera comunicar de inmediato los dos valiosos nombres a Manawee.
El perrito en el camino vio los restos de una pequeña presa recién muerta por las fieras, pero no hizo caso y pasó de largo.
Por un instante, le pareció aspirar una vaharada de nuez moscada en el aire, pero no hizo caso y siguió corriendo sin descanso hacia la casa de su amo. Sin embargo, el perrito no esperaba tropezarse con un oscuro desconocido que, saliendo de entre los arbustos, lo agarró por el cuello y lo sacudió con tal fuerza que poco faltó para que se le cayera el rabo.
Y eso fue lo que ocurrió mientras el desconocido le gritaba: “¡Dime los nombres! Dime los nombres de las chicas para que yo pueda conseguirlas.”
El perrito temió desmayarse a causa del puño que le apretaba el cuello, pero luchó con todas sus fuerzas. Gruñó, arañó, golpeó con las patas y, al final, mordió al gigante entre los dedos. Sus dientes picaban tanto como las avispas. El desconocido rugió como un carabao, pero el perrito no soltó la presa. El desconocido corrió hacia los arbustos con el perrito colgando de la mano.
“Suéltame, suéltame, perrito, y yo te soltaré a ti”, le suplicó el desconocido.
El perrito le gruñó entre dientes: “No vuelvas por aquí o jamás volverás a ver la mañana.” El forastero huyó hacia los arbustos, gimiendo y sujetándose la mano mientras corría. Y el perrito bajó medio renqueando y medio corriendo por el camino que conducía a la casa de Manawee.
Aunque tenía el pelaje ensangrentado y le dolían mucho las mandíbulas, conservaba claramente en la memoria los nombres de las jóvenes, por lo que se acercó cojeando a Manawee con una radiante expresión de felicidad en el rostro. Manawee lavó suavemente las heridas del perrito y éste le contó toda la historia de lo ocurrido y le reveló los nombres de las jóvenes. Manawee regresó corriendo a la aldea de las jóvenes llevando sentado sobre sus hombros al perrito cuyas orejas volaban al viento como dos colas de caballo. Cuando Manawee se presentó ante el padre de las muchachas y le dijo sus nombres, las gemelas lo recibieron completamente vestidas para emprender el viaje con él; le habían estado esperando desde el principio. De esta manera Manawee consiguió a las doncellas más hermosas de las tierras del río. Y los cuatro, las hermanas, Manawee y el perrito, vivieron felices juntos muchos años.

Darmé cuenta que habrá distracciones en el camino, es muy fácil de entender; pero poco probables de verlas con el alma. Sé que hay algo que quiero, es COMPROMETERME, es lo mejor que puedo hacer cuando estoy con alguien, entender que su físico y su alma son cosas diferente, las cuales aceptaré como son, no me causa ningún conflicto, todo lo contrario. Sé que necesitamos conocernos mas y estamos en ese proceso.
Ayer en el bar me comenta David, "son la pareja mas similar que he conocido"... podría decir que me preocupo un poco eso, por eso de las leyes de los polos (polos iguales se rechazan, polos diferentes se atraen), pero creo que eso sería ser muy metódico; utilizar mas la razón, prefiero utilizar mas los sentimientos, mi intuición. Sí, sé que es él. Bienvenido a mi vida.

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