Este es un momento peculiar, que me suele pasar, cuando trato de asimilar mis problemas, simplemente no se que hacer.
Creo que es momento de consultar mi biblia, me doy cuenta de mi hermetismo para comprender palabras, necesito explorar mas otro tipo de comunicaciones. Me he cerrado mucho a la metáfora.
Tortura, comprensión y superación. Simplemente un humano. Me doy cuenta que tengo emociones.
Regresar a terapia o no, en este momento me encuentro en una postura de rechazo hacia ello, pienso y siento que aprendi lo suficiente por el momento.
Leyendo mi biblia, encontre una metafora la cual me identifico en este momento y no la recordaba; tratare de relatarla:

La Niña de las Zapatillas Rojas.
Era una niña pobre que solo tenia con ella unos zapatos negros, rotos, maltratados, con tierra y llenos de agujeros. Un dia caminando encuentra una anciana que estaba fabricando unas zapatillas rojas, la niña impresionada por esas hermosas zapatillas, de color rojo carmesí anhelaba usarlas, por que veía las suyas todas deterioradas; pero al mismo tiempo ella sentía tristeza dejar su zapatos rotos, pues habían estado con ella durante un largo tiempo.
La anciana observa como la niña anhelaba esas zapatillas, de como la niña suspiraba al verlas. La anciana comenta.-Las puedes usar y conservarlas-, la niña emocionada por el gesto aceptó las zapatillas, rápido se quita sus zapatos viejos y rotos, para ponerse sus zapatillas nuevas.
La niña brinca con ellas de la emoción. Gira. Camina. Corre. Baila. La anciana le comenta a la niña, -¿Podrías acompañarme a una reunión?-. la niña accede como agradecimiento. Acompaña a la anciana hasta la puerta del edificio, donde un Guardián alto, derecho, serio y de carácter fuerte, detiene a la pequeña, con su bastón golpea las zapatillas de la nña, para quitarle el polvo que tenia en la suela. El Guardián dice, -no bailes mucho con ellas-
La anciana enferma hasta quedar postrada en una cama. La niña sin tener alguno lugar a donde ir, se queda en casa de la anciana; la anciana le pide que se quite las zapatillas, que no debería usarlas mucho, si no, después no pararía de bailar. La anciana coloca las zapatilla en un estante alto, donde la niña no pudiera alcanzarlas. La anciana reposa y duerme.
La niña desde su lugar observa con atención a la anciana; observa las zapatillas, sigilosamente se acerca hacia el mueble donde se encontraban estas zapatillas, trepa el mueble, toma las zapatillas y se las coloca en los pies. La niña siente como el talón reposa sobre ellas, como sus dedos comienzan a moverse; extasiada por usarlas una vez mas, comienza a bailar y a girar, cada vez mas, y mas. Sin poderse detener la niña disfruta por un tiempo.
Pasado el tiempo la niña comienza a tomar conciencia, algo raro esta pasando. Se acerca a la salida de la casa de la anciana, las zapatillas no dejan de moverse, bailan, brincan, corren. Pasan un pantano, las zapatillas no cesan sus movimientos. Sigue con ellas, el tiempo pasa, las distancias recorren; llega a un cementerio, donde aparecen los fantasmas con el movimiento de las zapatillas. La niña asustada, no sabia que hacer, uno de los fantasmas le comenta, -Bailaras, bailaras, durante mucho tiempo hasta que tus pies se consumas, tu carne se desgarre, tus huesos se desgasten. Caminaras, Bailaras, tocaras todas las puertas de la aldea. La niña asustada, las zapatillas brincan en cebos, en lodo y comienza su recorrido.
En las lejanías la niña observa un leñador, reposando y a un lado con su hacha. Al acercarse la niña al leñador bailando brincando descontroladamente; el leñador se da cuenta que la niña se encuentra en apuros, al ver su reacción de susto, desesperación, de agonía. La niña comenta, -Por favor, podría cortar el sujetador no puedo parar, necesito quitarme las zapatillas-. El leñador toma el hacha el corta.
La niña tratando de tranquilizarse se da cuenta que no puede quitarse las zapatillas, como si estas estuvieran adheridas a sus pies. La niña exhausta exclama, -Córteme los pies, córteme los pies, no las puedo quitar-, el leñador toma una vez mas el hacha y corta los pies de la pequeña. Observan como las zapatillas siguen bailando, brincando, caminan, corriendo sin cesar hasta perderlas de vista.
La niña postrada en el suelo exhausta da las gracias al leñador por haberla ayudado. La niña condenada a ser una tullida de por vida, tuvo que vivir de criada por el resto de su vida y jamás volvió a desear unas zapatillas.
Me doy cuenta, estoy consciente que me deje llevar, llegue al final y salí herido. Solo me queda recuperarme como la niña. En ocasiones vemos señales y no las apreciamos, simplemente por la adicción a algo, por tener algo. Solo me quedó cortarme los pies, desprenderme de algo que quiero, ver como se van y se pierden en el camino. Aprender a observar, a ser paciente para poder identificar las señales. Observar mi contexto. Observar mas cosas bellas. Observar que hay gente que me quiere. Volver al inicio.
¿a cuántos nos ha pasado algo similar?
ResponderEliminar;) Buena metafora
Asi es, lo malo es seguir los patrones y no darnos cuenta de las señales que existen en el transcurso de la experiencia.
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